Olga Poblete. Educadora, historiadora, feminista, militante de la paz
86 olga poblete nos pareció que era como una fuerza nueva que tomaba nuestro re- levo con más creatividad, con coraje, con mayor amplitud. Traba- jamos con los pobladores, con los niños, con las estudiantes, con las profesionales, con las artistas. Nos preocupamos de los derechos humanos atropellados, de la solidaridad material con los hijos de los presos, del exilio, del retorno, etc. Establecemos un estrecho contac- to y colaboración con todas las organizaciones femeninas que exis- ten y combaten a la dictadura. En el momento actual agrupamos a dieciocho movimientos activos. Hay discrepancias entre uno y otro grupo, pero no son graves. Obedecen solo a las posiciones ideológi- cas que predominan en ellos. —¿El miedo ya no existe? ¿Las mujeres no le temen a la represión? —El miedo fue paralizante en los primeros años. A veces en la oscuridad de un cine pifiábamos al dictador cuando aparecía en al- gún noticiario, pero después salíamos de la sala llenas de temores ante un posible ojo policial. Recuerdo que el conjunto Ictus rom- pió el hielo en el teatro. La gente aplaudía a rabiar sus alusiones a la situación que se vivía. Muchos se negaban a recibir hasta a sus pa- rientes o amigos de izquierda. Era estremecedor que alguien tocara el timbre de la casa en la noche. Todos tenían miedo. A esto se unía la impotencia y la sensación de cobardía y de incomunicación. En las primeras celebraciones del Día Internacional de la Mujer hicimos miles de tarjetas de saludo con papel de envolver con alguna estrofa de Neruda, que era el mensaje exacto para el momento. Casi todas llegaron a su destino y obtuvimos una gran respuesta. La iniciativa de las protestas fue decisiva para perder el miedo. Si en cualquier ba- rrio eran centenares de personas las que hacían sonar las cacerolas, se agregaban otros centenares. Hay que entender la situación: la gente no solo temía la represión, sino más que nada perder su empleo; te- ner trabajo es casi un privilegio en Chile y todos defienden celosa- mente su precaria estabilidad laboral. El terror es uno de los pilares de sustentación de regímenes como los de Pinochet. No en vano se gastan inmensos recursos en sostener sofisticados aparatos policiales que tienen licencia ilimitada para operar. Pues bien: el terror ya fra- casó en Chile. La censura a los medios de comunicación ha sido des-
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