Desolación

85 Verano Verano, verano rey, obrero de mano ardiente, sé para los segadores, ¡dueño de hornos!, más clemente. Inclinados sobre el oro áspero de sus espigas, desfallecen. ¡Manda un viento de frescas alas amigas! Verano, la tierra abrasa: llama tu sol allá arriba; llama tu granada abierta; llama el labio, llama viva. La vid está fatigada del producir abundoso. El río se fuga, lánguido, de tu castigo ardoroso. Echa un pañuelo de nube, de clara nube extendida, sobre la vendimiadora de la mejilla encendida. Soberbio verano rey, el de los hornos ardientes, no te sorbas la frescura en los labios de las fuentes...

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