Olga Poblete. Educadora, historiadora, feminista, militante de la paz

83 I. Mujer del siglo xx los escombros. Nos alojaron en un bloque de edificios que todavía tenía el cemento fresco; la población se privó de una parte de sus raciones para que los delegados comiéramos normalmente. Estuvie- ron presentes grandes personalidades del mundo, famosos escritores, políticos, científicos. Pero no fueron sus notables intervenciones las que más me impactaron. Fue la brutalidad de la guerra que percibí con solo asomarme a la calle y caminar por kilómetros y kilómetros de escombros. Algunos años más tarde visité China. Era especialista en el Pedagógico de su historia milenaria y conocer ese país era como realizar un sueño. Recuerdo mi sobrecogimiento en la visita a la gran muralla, que fue interrumpido por un muchacho que se echó en mis brazos. Me encontraba con un conocido nada menos que frente a la muralla china. Se trataba de un estudiante soviético que había sido mi alumno durante una Escuela de Verano de la Universidad de Chile. —¿Nunca fue perseguida por todas sus campañas? ¿No la acusaron de comunista? —No he sido encarcelada ni asediada por la policía porque tal vez han estimado que no era peligrosa, sino ilusa. Me han acusado de ser pantalla, biombo, compañera de ruta de los comunistas. No han dicho que era pagada por el oro de Moscú porque está a la vista que soy una persona modesta, y de escaso dinero. Me han postergado a veces en la Universidad en cargos y responsabilidades a las que tenía perfecto derecho. Debo reconocer, eso sí, la generosidad de algunos colegas que no son de mis ideas y que hasta pudieron sentirse com- prometidos con mi cercanía. Uno de ellos es Juan Gómez Millas, que dividió en el Pedagógico su cátedra de Historia Universal para que yo dictara clases de Historia Moderna. Mi cátedra se llamó «La expansión Europea» y estaba dedicada al estudio del colonialismo en el mundo de nuestros días. Hasta 1973, en las universidades chilenas era posible el libre juego de las ideas, la actitud científica ante cual- quier forma de pensamiento, la convivencia civilizada de gente con los más diversos signos políticos. Todo eso se terminó con Pinochet.

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