Olga Poblete. Educadora, historiadora, feminista, militante de la paz

81 I. Mujer del siglo xx inglés porque debía presentar reflexiones, ponencias redactadas en ese idioma. Se compadecieron de mí dos canadienses que vivían en mi edificio. Me enseñaban con paciencia a redactar y a expresarme correctamente. Felizmente mis trabajos encontraron una excelente acogida y fueron bien calificados. Ahora entiendo que situaba los problemas que desarrollaba en mis tesis en un marco político cla- ro. No había leído todavía a los clásicos del marxismo, pero estaba cerca de un enfoque materialista y dialéctico por pura intuición. En esos meses en Estados Unidos adquirí una conciencia antiimperia- lista muy nítida. Vi funcionar los mecanismos del imperio con sus implacables consorcios, a los que solo les interesan sus ganancias, que siempre serán mayores en la medida que sean los dueños de las materias primas de nuestros países explotadas con mano de obra ba- rata y sumisa. Me di cuenta de la falacia de la política del «buen veci- no» entonces en boga. El vecino en realidad era prepotente, abusivo, usurero y tenía el garrote a mano si algún país de nuestro Continente tomaba en serio su camino independiente para liberarse del subde- sarrollo y la dependencia. Al regresar creo haber desilusionado a al- gunos amigos pronorteamericanos, que creían que me había curado de mi izquierdismo y regresaba deslumbrada de la experiencia en Es- tados Unidos. Había ocurrido con otros becados, que después hasta pensaban en inglés. Pero a mí me ocurrió exactamente lo contrario. — ¿Su conducta pública fue entonces diferente a la que tenía antes del viaje? —Fue diferente en cuanto me decidí a entregar más tiempo y energías a luchas que era indispensable dar en Chile. Era inevitable enfrentar al imperialismo, nuestro enemigo principal. A pocos días de mi regreso, en octubre de 1946, se realizó un foro sobre América Latina en la Federación de Estudiantes. El primer orador fue Her- nán Ramírez y después me anunciaron a mí. Puse mucho énfasis acerca de mis conclusiones sobre el imperialismo y fui vitoreada por los estudiantes. Después del acto avanzó desde el fondo de la sala un personaje que me abrazó efusivamente. Era Pablo Neruda, a quien yo solo había visto de lejos con gran admiración. Dijo: «¿Quién eres tú?» «¿De dónde sale esta mujer?», y le ordenó a Delia: «Tienes que

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