Desolación

76 el de las gomas suavizantes y las resinas milagrosas, pleno de tirsos agobiantes y de gargantas melodiosas: hazme en el dar un opulento. ¡Para igualarte en lo fecundo, el corazón y el pensamiento se me hagan vastos como el mundo! Y todas las actividades no lleguen nunca a fatigarme: ¡las magnas prodigalidades salgan de mí sin agotarme! Árbol donde es tan sosegada la pulsación del existir, y ves mis fuerzas la agitada fiebre del siglo consumir: hazme sereno, hazme sereno, de la viril serenidad que dio a los mármoles helenos su soplo de divinidad. Árbol que no eres otra cosa que dulce entraña de mujer, pues cada rama mece airosa en cada leve nido un ser:

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