Desolación

67 El himno cotidiano A la señorita Virginia Trewhela En este nuevo día, que me concedes, ¡oh, Señor!, dame mi parte de alegría y haz que consiga ser mejor. Dame Tú el don de la salud, la fe, el ardor, la intrepidez, séquito de la juventud; y la cosecha de verdad, la reflexión, la sensatez, séquito de la ancianidad. Dichoso yo si, al fin del día, un odio menos llevo en mí; si una luz más mis pasos guía y si un error más yo extinguí. Y si por la rudeza mía nadie sus lágrimas vertió, y si alguien tuvo la alegría que mi ternura le ofreció. Que cada tumbo en el sendero me vaya haciendo conocer cada pedrusco traicionero que mi ojo ruin no supo ver.

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