Olga Poblete. Educadora, historiadora, feminista, militante de la paz

67 I. Mujer del siglo xx Nosotros sabíamos que doña Olga, al margen de las horas que compartía con nosotros, laboraba con idéntica convicción, se- riedad y constancia en organismos gremiales. Muy definida en cuanto a sus ideales, tenía una posición política y un concepto del orden social; sin embargo, en sus clases jamás perdía su ob- jetividad y nadie, ni el más malévolo, hubiera podido decir que éramos instrumentos suyos. Su trayectoria ascendente siempre nos interesó a sus alum- nos y exalumnos. Cuando sale de Chile sabemos que es lo mejor de la patria lo que va a ir a representarnos: digna, discreta, una dama, doña Olga Poblete ha sabido aunar a una inteligencia po- derosa y a una amplia cultura, el perfume espiritual, la gracia de las mujeres eternamente jóvenes y femeninas (Archivos Funda- ción Olga Poblete). Sus últimos días Olguita Poblete falleció el 17 de Julio de 1999. Elena Caffarena en sus palabras de despedida nos dijo: «Unida a Olga por la amistad más profunda, aquella que surge de la lucha por conquistar un mejor porvenir para los seres humanos. Olga, ese ser tan extraordinario que sabía convencer de las razones de la lucha, que incendiaba los corazones con su pluma fácil y sencilla, que llega- ba no solo a la inteligencia sino también al corazón. Olga, esa maes- tra que tuvo la clarividencia de enseñar con el ejemplo. Esa mujer que dio un extraordinario aporte en la batalla por la paz, por la igual- dad de las mujeres, por la felicidad de los niños y para conquistar la democracia. Con mi cariño y admiración por Olga». En diciembre del año 98 habíamos estado con mi madre y mi padre en el Portezuelo de Lagunillas, en medio de esa bella montaña tan ligada a su vida y a la nuestra. Desde allí se divisa el lejano ce- rro El Plomo y el valle encajonado de San José de Maipo con su río y el río Colorado. Allá, entre los cerros, junto a su histórica banca , donde junto a ella pasamos bellos momentos, esparcimos sus cenizas al viento en noviembre de 1999, en una bella y emotiva ceremonia familiar. Cada uno de nosotros trajimos a nuestras mentes, en ese es-

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