Desolación
61 La encina A la maestra, señorita Brígida Walker I Esta alma de mujer viril y delicada, dulce en la gravedad, severa en el amor, es una encina espléndida de sombra perfumada, por cuyos brazos rudos trepara un mirto en flor. Pasta de nardos suaves, pasta de robles fuertes, le amasaron la carne rosa del corazón, y aunque es altiva y recia, si miras bien adviertes un temblor en sus hojas que es temblor de emoción. Dos millares de alondras el gorjeo aprendieron en ella, y hacia todos los vientos se esparcieron para poblar los cielos de gloria. ¡Noble encina, déjame que te bese en el tronco llagado, que con la diestra en alto, tu macizo sagrado largamente bendiga, como hechura divina!
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