Olga Poblete. Educadora, historiadora, feminista, militante de la paz

62 olga poblete Siempre Olga, mi madre, mantuvo un valioso contacto con agrupaciones latinoamericanas, europeas, asiáticas, africanas y de otros países contactados en las múltiples reuniones internacionales del Consejo Mundial de la Paz, organizaciones feministas, de educa- dores y trabajadores. Suscrita a diferentes revistas y/o publicaciones de agrupaciones feministas de diversos países, colaboró con artículos y entrevistas so- bre temas atingentes a las mujeres y sus luchas, algunos aún vigen- tes. Antes y después de la dictadura dio varias entrevistas en diarios y revistas chilenas como Apsi , Análisis , Hoy y Punto Final , entre otras. Igualmente lo hizo en la revista Araucaria , fundada en Paris 1978, publicación de gran éxito al servicio de la vinculación en- tre los exiliados, tanto chilenos como latinoamericanos, dirigida por Volodia Teitelboim. Esta revista agrupó como colaboradores a desta- cados escritores, artistas e intelectuales exiliados que llegaban desde Europa a más de treinta y siete países, nutriendo de información po- lítica y social a los chilenos exiliados en distintas latitudes, llegando incluso a Chile clandestinamente. Mi madre era una mujer tremendamente solidaria; sensible al dolor de los demás, a las injusticias y desigualdades sociales en nues- tro país y en el mundo, a la falta de oportunidades para hombres y mujeres, al racismo, al hambre, a la tortura y a la muerte. Fue una mujer fuerte en sus ideas e ideales, en sus luchas y desafíos, en su vida entera y en su entrega. De baja estatura, de voz suave y convincente, de un fino humor que nunca faltó en sus charlas, seminarios, escuelas de verano y otras alocuciones. Alguna ironía sana, una anécdota o alguna situación jo- cosa que insertaba en medio de la seriedad de su discurso sacaban a todos los presentes más de una sonrisa. Desde sus clases de Historia, Geografía y Educación Cívica en el Liceo de Aplicación, en el Liceo 7 de Niñas, en el Manuel de Salas o en el Instituto Pedagógico de la Universidad de Chile, hasta en sus discursos en el Colegio de Profe- sores de Chile, en el gran Palacio de los Trabajadores en Moscú o en el edificio unctad, hoy Centro Cultural Gabriela Mistral, ella con- quistaba con simpatía y atención a sus auditores, cualquiera fueran sus edades.

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