Olga Poblete. Educadora, historiadora, feminista, militante de la paz
58 olga poblete Está claro que ella estaba preparada. Según nos contaba mi abue- la Luisa, «de chica la Olguita tenía mucha personalidad». Jugaba a dramatizar, a cantar e inventar historias. Era tan inquieta y segura de sí misma que, aún estudiando en el colegio, más de una vez aparecía la directora en su sala y le pedía a la profesora jefe: «por favor, seño- rita Rosalía, por qué no nos presta un ratito a Olguita, mire que el 4º B está sin profesora y hay que entretenerlas un rato mientas ella regresa». Y ahí partía Olguita al otro curso, donde las niñas, general- mente mayores y más altas que ella, se entretenían con los cuentos e historias que ella les contaba. En ese 4º B no volaba una mosca en el resto de la jornada. Solo una vez tuve clases con ella en el Manuel de Salas, donde estudié, y donde mi madre, precursora de la experimentación y la coeducación con otras progresistas maestras de la época, era pro- fesora de Historia y Geografía. Nunca dediqué tanto tiempo a un ramo como al suyo: «Mitos y Leyendas». Me saqué la mugre durante todo un trimestre en mi trabajo final, con dibujos y mapas en que me quemé las pestañas con Isis, Osiris y Amón Ra. A pesar de ello, la señora Olga me calificó con nota cinco. No me atreví a reclamarle a esta tan especial profesora; la misma que en casa, sin dejar de ser estricta, era mi amorosa y dedicada madre que me regaloneaba o me retaba con más de algún merecido coscacho por mis maldades. «No me atreví esa vez a ponerte un siete, porque eres mi hijo, aunque verdaderamente te lo merecías», me confesó muchos años más tarde. Sus estudios de posgrado A principios de 1945 mi madre viajó a Estados Unidos gracias a una beca y permaneció un año en el Teacher’s College de la Universidad de Columbia de Nueva York, donde al cabo de un año obtuvo el grado de Master of Arts en Educación. Regresó a Chile el año 46, de vuelta a casa y a sus labores docentes. Durante el año en que mi madre estuvo lejos de casa, nuestra comunicación y contacto con ella eran permanentes a través de cartas, relatos y fotografías; todo relacionado con los niños de los que se hacía cargo mi padre. Nosotros con mi hermana, ella de
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