Olga Poblete. Educadora, historiadora, feminista, militante de la paz

57 I. Mujer del siglo xx Pasábamos la Navidad allá, en nuestra pieza que junto a mi ma- dre adornábamos con un arbolito de pascua , algún globo y guirnal- das de papel de volantín, mientras mi padre dibujaba en el espejo un saludo navideño. El día antes, después de una semana de trabajo en su peluquería en Santiago, él llegaba con un gran pan de Pascua y sa- brosos panes de miel en forma de corazón. También en su gran mo- chila de montaña venían otras sorpresas, cubriendo en el fondo los regalos del Viejito Pascuero que abriríamos tempranito en la mañana del 25. Más tarde, ya en la playa, estábamos todos en traje de baño, incluida mi madre y su bella silueta con el suyo de suaves colores. Ahí, antes que nada, nos ponía a cada uno el consabido «Solbrons» en cara y brazos y un típico gorro de lona blanca para cuidarnos del sol. En las tardes de la semana, después del rico almuerzo en el casi- no del Club y una corta siesta, partíamos con mi madre a nuestras caminatas por el borde de la playa hasta la Puntilla, frente a la Isla de los Pájaros Niños, o por los bosques de pino hasta la playa de la Peña Blanca. Caminando o sentados en un roquerío junto al mar, esperando la puesta de sol, brotaban de la boca de mi madre histo- rias vividas por ellos y otros jóvenes de su época en Algarrobo, o las entretenidas leyendas de ese infinito mar frente a nosotros. La historia que más nos gustaba era de cuando ella y mi padre habían acampado y dormido un par de noches en la Isla, solo acom- pañados por uno de los bellos Pájaros Niños que la habitaban. Olga Poblete, la educadora Mi madre realizó sus estudios de Preparatoria y Humanidades en el Liceo de Aplicación de Niñas, establecimiento al que volvió ya reci- bida de maestra en 1928, y fue nombrada Profesora de Educación Cívica. Un par de años más tarde sería profesora de Historia y Geo- grafía del Liceo de Aplicación de Niñas y del Liceo Nº 3 de Santiago. Cuando recordaba esos tiempos, mi madre comentaba que muchas de sus alumnas tenían solo unos años menos que ella. Se había ti- tulado de Profesora de Historia, Geografía y Educación Cívica en el Instituto Pedagógico de la Universidad de Chile en 1929, a sus veintiún años.

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