Desolación

49 Teresa Prats de Sarratea Y ella no está y por más que hay sol y primaveras, es la verdad que soy más pobre que mendiga Aunque en febrero espónjanse las parvas en las eras el sol es menos sol y menos luz la espiga. Era la mansa, la silenciosa, la escondida, y de la carne solo llevaba la apariencia; pero cuando ella hablaba se hacía honda la vida y el saberla en el mundo limpiaba la existencia. Tenía aquellos ojos enormes que turbaron como dos brechas trágicas del infinito. Pienso que arriba donde se abren de nada se asombraron: todo lo habían visto, lo mínimo y lo inmenso. Estaba más cansada que el que marchase treinta siglos por una estepa que el sol tremendo inunda. Era todas las fuentes y se hallaba sedienta; era también la fuente y estaba moribunda. Yo no pregunto ahora si es lámpara o ceniza. Como la sé gloriosa la canto sollozando; pero lloro por mí, mezquina e indecisa, que me mancho si caigo y que vacilo si ando. Su huesa aroma más que esta acre primavera; su rostro es el sereno del que por fin ha visto. Sé que limpiase mi alma si hacia mí lo volviera; sé que si abre los ojos me entrega entero a Cristo.

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