Olga Poblete. Educadora, historiadora, feminista, militante de la paz

41 I. Mujer del siglo xx hacer posible esa continuidad arrebatada, la que permite reconocer- nos y saber lo que podemos en lo que fuimos capaces. Con tal pro- pósito escribió lo que puede leerse como una suerte de testamento político, un libro que solo ella podía escribir: La guerra, la paz, los pueblos . En él dejó testimonio del Movimiento Chileno de Partida- rios de la Paz, que ayudó a fundar, presidió y promovió junto a mi- les de compatriotas y que, para entonces, tras años de proscripción, había caído en el olvido. En la presentación del libro, titulada «Aquí comienzo», Olga de- clara de manera explícita esa vocación política y memorial: Estas escrituras responden en gran parte a mi profundo rechazo al intento de borrar, por todos los medios posibles, la memoria de un pueblo. No otra cosa significan los dieciséis años cumpli- dos desde que a Chile le ocurrió «aquello», un septiembre once. Creo en el valor de las ideas y acciones que emergen de la convi- vencia humana plural y cambiante. Ella es la única fuente siem- previva de autoridad y mandato. Por eso tenemos que rechazar el olvido, rescatar y grabar lo imborrable y no perder de vista el «de dónde veníamos» las mujeres y hombres de este país nuestro (Poblete, 1990a, p. 9). Publicado en 1990, inmediatamente después de la salida de la Junta Militar del poder, el libro ofrece un repaso detallado y conmovedor de casi un cuarto de siglo de historia del movimiento por la paz en Chile. Comienza por situarlo en el marco de una historia universal marcada por la guerra, cuya expresión más extrema fueron las dos guerras mundiales. A partir de esa experiencia devastadora, sostiene Olga, emergió en el mundo una conciencia de la evitabilidad de los conflictos bélicos: de allí nacería esta nueva fuerza global, el movi- miento por la paz. Llevando luego la mirada hacia Chile, reconoce en las feminis- tas del memch un papel pionero en la instalación de una acción co- lectiva por la paz. A esas mujeres que veían en el fascismo la mayor amenaza para la democracia, les atribuye un primer activismo, una primera escuela pacifista que preparó el terreno para una militancia más amplia y diversa que haría suyo ese horizonte.

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