Desolación
41 Dulce poeta, que en las nubes que ahora se rizan hacia el sur, Dios me dibuje tu semblante en dos sobrios toques de luz. Y yo te escuche los acentos en la espuma del surtidor, para que sepa por el gesto y te conozca por la voz, ¡si las lunas llenas no miran escarlata tu corazón!
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