Desolación

40 A Joselín Robles (En el aniversario de su muerte) ¡Pobre amigo, yo nunca supe de tu semblante ni tu voz; solo tus versos me contaron que en tu lírico corazón la paloma de los veinte años tenía cuello gemidor! (Algunos versos eran diáfanos y daban timbre de cristal; otros tenían como un modo apacible de sollozar). ¿Y ahora? Ahora en todo viento, sobre el llano o sobre la mar, bajo el malva de los crepúsculos o la luna llena estival, hinchas el dócil caramillo —mucho más leve y musical— ¡sin el temblor incontenible que yo tengo al balbucear la invariable pregunta lívida con que araño la oscuridad! Tú, que ya sabes, tienes mansas de Dios el habla y la canción; yo muerdo un verso de locura en cada tarde, muerto el sol.

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