Olga Poblete. Educadora, historiadora, feminista, militante de la paz
400 olga poblete para ser hombres, vivan para cantar, para amar, para sentir la belleza, para lanzar su pensamiento a las estrellas, si así lo desean. Los verdaderos cristianos están por la paz El mensaje de Paz de las Iglesias del mundo se hizo cuerpo en Varso- via, cuando la inmensa Asamblea escuchó la palabra de los sacerdo- tes católicos, de los Rabinos, de los Archimandritas Ortodoxos, de los Pastores Protestantes. Como lo dijo el Pastor sueco Sven Hector, en su intervención en el Congreso: «No puedo dejar de señalar la fe- licidad que siento, ante la reunión de representantes de las diversas Iglesias que aquí he encontrado». El Padre André Gaggero, al ocupar la tribuna expresó: «Soy un sacerdote católico italiano, y he aceptado de todo corazón venir a gritar mi testimonio de Paz al lugar que se me ofrecía. En mayo de 1940 en Roma, fui consagrado sacerdote; al finalizar la ceremonia, cantaron para mí: «‘Felices aquellos que marcharán para predicar la paz y el bien’. Y el mundo ya estaba en guerra». Al finalizar el Padre Gaggero su intervención, que fue una maravillosa declaración públi- ca de fe del cristiano verdadero, agregó: «Démonos la mano hombres del mundo entero, de todas las creencias; todavía estamos divididos, pero tenemos la conciencia clara de venir de un mismo origen, de te- ner una misma ley y de marchar hacia la unidad absoluta en la Paz». La ciencia al servicio de la paz Las inteligencias más claras del campo científico mundial, estaban allí al lado nuestro, diciendo su mensaje de paz que los traductores llevaban hasta las nueve lenguas del Congreso. La palabra hermosa y sencilla de Federico Joliot-Curie, Presidente del Comité Mundial de Partidarios de la Paz figura de prestigio universal, honra y gloria de la ciencia contemporánea, llegó al Congreso en un denso y magnífi- co informe, en el cual no podría encontrarse un solo párrafo ni una pequeña frase vacía de contenido. Aquel informe fue como una pro- funda y clara lección que el gran sabio desarrolló ante un auditorio suspendido de cada una de sus palabras, y que siguió con fascinación
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