Olga Poblete. Educadora, historiadora, feminista, militante de la paz

393 IV. Internacionalista y militante de la paz Finalmente, la tercera «D», el desarrollo, fue un vector funda- mental para garantizar que la idea de paz no fuese solo la ausencia de guerra, sino un contexto propicio para resolver las necesidades materiales de la población: «no podían quedar ajenas a este movi- miento las inquietudes de los pueblos por su desarrollo económico, la salvaguardia de sus recursos humanos y naturales, y la conquista de su independencia nacional» (Poblete, 1990, p. 23). La atención que merece el desarrollo para Poblete está íntimamente ligada a los debates procedentes de la discusión económica latinoamericana pro- pios del estructuralismo y la teoría de la dependencia. Un progra- ma político e intelectual que desembocó en 1972 en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo en el Tercer Mundo (unctad iii) donde, no casualmente, Poblete fue parte del comité organizador en el departamento de hospitalidad y relaciones internacionales. Desde esta lectura, las condiciones generadas por la dependencia a los países del centro impactan directamente sobre la escalada bélica en los países de la periferia: Las limitaciones impuestas a la independencia económica de los países subdesarrollados y en desarrollo hacen de ellos los so- cios menores en la división internacional del trabajo, expuestos a toda suerte de presiones externas de los organismos financie- ros, de medidas de desestabilización y hasta intervención armada (Poblete, 1990, p. 77). Por esto le resultaba indispensable integrar en el programa pacifista el desarrollo de las fuerzas productivas de cada país que permita una redistribución real de la tierra y la riqueza. El desarrollo debía garan- tizar un mejoramiento efectivo de las condiciones de vida, porque no se trata de algo que «se mide solo en cifras y porcentajes. Es, además de cuantitativo, un proceso cualitativo que debe traducirse en bienes y servicios a disposición de toda la comunidad, para atender sus ne- cesidades y mantener una calidad de vida digna» (p. 77). Esta idea de desarrollo emparentada con una concepción materialista de la paz explica en parte el entusiasmo, no solo de Poblete, sino del conjunto del Movimiento Pacifista local e internacional con aquella vía propia y democrática al socialismo que inspiró el proceso de la Unidad Popular.

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