Olga Poblete. Educadora, historiadora, feminista, militante de la paz
384 olga poblete tes y el Patrimonio, s/p), la llevó a conocer de cerca la amenaza que supuso el fascismo en Europa. Uno de sus primeros encuentros fue precisamente en Italia, donde, habiendo sido nombrada cónsul, no pudo llegar a ejercer sus funciones porque Mussolini no aceptaba a mujeres diplomáticas. En «La palabra maldita» Mistral insiste en que se trata de repetir la palabra paz en toda circunstancia, pero en especial de garantizar las condiciones para su realización. No bastaba con la denuncia, la paz debía ser una tarea militante para que toma- ra forma material, cuerpo: «Digámosla cada día en donde estemos, por donde vayamos, hasta que tome cuerpo y cree una militancia de la paz la cual llene el aire denso y sucio y vaya purificándolo» (Mistral, 1950, s/p ) . Una imagen atmosférica donde alude al sopor que se res- pira en plena Guerra Fría y que solo puede ser interrumpido por la acción colectiva, organizada y valiente de lo que ella anuncia como una militancia de la paz. Unos meses después, en abril de 1951, Olga Poblete –quien para entonces ya era secretaria general del memch, y también direc- ción del Movimiento Chileno de Partidarios de la Paz– le escribe una carta a Mistral llena de entusiasmo. Lo primero que señala es que desea que sus palabras lleguen a todos los rincones del país, en especial a las mujeres del pueblo a quienes «interpreta tan hondamente». Pero no solo eso: Poblete hará suya la idea de una militancia de la paz que, según le escribe, ya ha comenzado a constituirse y atravesar fronteras: Dura es la lucha que vendrá, pero la causa es grande y el an- helo de la paz nos está hermanando con los millones de Europa, de Asia, de África (…). Ella está llevando al primer plano una conciencia universal, que ninguna técnica, ningún mecanismo internacional, ninguna diplomacia lograron antes despertar. Es la militancia de la paz que usted reclama y ya comienza a tomar forma (Poblete, 1951a, p. 1). Ahí queda en evidencia algo más que el entusiasmo por las palabras de la poeta; está en ciernes la confianza en una fuerza que comienza a articular una «hermosa solidaridad hemisférica» que anuncia una alianza desde el Tercer Mundo contra las «máquinas administrativas
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