Olga Poblete. Educadora, historiadora, feminista, militante de la paz

383 IV. Internacionalista y militante de la paz donde inscribe al memch y particularmente al rol de Marta Verga- ra dentro de un movimiento feminista regional y antiimperialista; el estudio sobre el vínculo entre el memch y las redes de mujeres antifascistas que ha realizado Valeria Soto (2022), y la conexión del movimiento feminista chileno con redes y organizaciones pacifistas globales investigada por María Fernanda Lanfranco (2022). En este contexto, propongo volver sobre el largo proceso de ela- boración crítica y la construcción de redes pacifistas en el Sur Global siguiendo los pasos de Olga Poblete, quien no solo participó activa- mente de este movimiento, sino que también fue una de sus princi- pales cronistas y teóricas. Una lectura crítica y militante a sus cartas, informes, artículos de prensa y ensayos que dejaron plasmada la re- flexión de una urgencia que la acompañó toda la vida. De la palabra maldita a la militancia de la paz En 1950, Gabriela Mistral escribió uno de sus textos más célebres por fuera de su reconocida obra poética que la llevó a ser la prime- ra persona en América Latina galardonada con el Premio Nobel de Literatura. Es un ensayo corto, un «recado» –tal como ella misma nombraba este género– titulado «La palabra maldita». Allí, habla de la necesidad de retomar el compromiso con el vocablo «paz» y, a la vez, encarar la paz como un problema urgente. Mistral en ese reca- do no temió criticar la indiferencia del campo político y literario, e incluso la impotencia de instituciones supranacionales como las Naciones Unidas, incapaces de evitar conflictos armados y, en par- ticular, aunque no lo mencione directamente, la amenaza de la gue- rra nuclear. Este recado, que es también una carta pública, la escribe desde Veracruz donde residía como Cónsul de Chile desde 1948. Al final de este breve pero elocuente escrito declara con dureza y sin concesiones: «el pacifismo no es la jalea dulzona que algunos creen; el coraje lo pone en nosotros una convicción impetuosa que no pue- de quedársenos estática» (Mistral, 1950, s/p). Escribió estas líneas sin un atisbo de ingenuidad. Su trayectoria como intelectual pública, en especial como la primera chilena en desempeñar una labor consular (Ministerio de las Culturas, las Ar-

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