Olga Poblete. Educadora, historiadora, feminista, militante de la paz
305 III. feminista mismas tensiones inherentes a su doble rol como productora y como dueña de casa. En grupos de reflexión, en talleres de toma de con- ciencia, de terapia colectiva, empiezan las clarificaciones y emergen iniciativas. El Círculo de Estudios de la Condición de la Mujer, en la Academia de Humanismo Cristiano, dará origen años más tarde al dinámico Centro de Estudios de la Mujer, fuente impulsora de pro- yectos de investigación, de jornadas de capacitación y luego de publi- caciones de libros sobre lamujer escritos por lasmujeres. Los talleres de «La Morada» del movimiento feminista desarrollan nuevas aperturas. Se ha producido en estos años y bajo la presión de las mismas circunstancias generadas por el autoritarismo una importante con- vergencia de los planteamientos teóricos, intelectuales, hacia las ac- ciones concretas. Hay respuestas frente a lo coyuntural y al mismo tiempo profundización de ideas y de conductas que enriquecen con una nueva veta la defensa de los derechos de la mujer, la defensa de la vida, la exigencia de las libertades: «Democracia en el país y en la casa», «Con las manos Limpias», «Somos Más», «Por la Vida, por la Justicia, por la Libertad, Somos Más», «Vivir, vivir, consigna juve- nil». Mujeres ingresan mayoritariamente en la Comisión Chilena de los Derechos Humanos a través de todo el país. Talleres de la mujer se organizan a nivel de barrios, comunas, poblaciones. Se debaten entre mil dificultades y riesgos, las allanan, destruyen sus locales, se llevan sus enseres. Pero renacen. En julio de 1983 se crea una instancia coordinadora de organiza- ciones de mujeres, que adopta el nombre de memch «83». El hecho de responder al viejo anhelo de constituir un sólo gran movimiento nacional, atrajo en los primeros meses un crecido número de entida- des y grupos. En tres Encuentros Nacionales de Mujeres, convoca- dos y realizados por el Departamento Femenino de la Coordinadora Nacional Sindical –en los años 1978-1979-1980–, había reapareci- do esta aspiración. Pero las condiciones políticas y sociales imperan- tes no la hacen posible. Los 8 de Marzo se convirtieron en un compromiso insoslayable. Marzo pasó a ser «el Mes de la Mujer» y desde ese 8 de Marzo de 1976 en el Auditorio Don Bosco, no hubo interrupción alguna. Las conmemoraciones del Día Internacional se multiplicaron en recin-
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