Olga Poblete. Educadora, historiadora, feminista, militante de la paz
304 olga poblete diciones más adversas e inestables dadas por la imposibilidad de fácil comunicación, limitaciones y regulaciones del sistema que socava la acción coordinada, divide, atomiza, desinforma, amedrenta, casti- ga, siembra la desconfianza, desconcierta, elimina todo pensamiento que no provenga de voces oficiales. Para el régimen no hay disidentes sino sólo subversivos. Comienzan casos de mujeres detenidas desapa- recidas, víctimas de torturas y abusos sexuales; mujeres dinamitadas, «portadoras» de explosivos que se autoeliminan; se inicia el capítu- lo de las prisioneras políticas. Empeoran las condiciones de trabajo para mujeres y hombres; la trabajadora de la ciudad y del campo, de la industria y los servicios, del trabajo formal como del informal. No es casual que sean precisamente las trabajadoras la otra fuen- te de organización de la mujer y sean ellas las que en 1976 partan con el primer homenaje al Día Internacional de la Mujer. De aque- lla tarde en el Auditorio Don Bosco en que una de las dirigentas de sintracap, tuviera emocionadas palabras para recordar las luchas de las mujeres en el plano internacional, el origen del 8 de Marzo, el recuento de esas luchas en Chile, particularmente una cadena soste- nida de iniciativas que se irán reproduciendo en ciudades grandes y pequeñas, en recintos privados, sindicales, culturales, parroquiales, hasta repletar el teatro más grande de Santiago de Chile, el 8 de Mar- zo de 1978. El contenido político y el nivel artístico y creativo supe- rior de aquel 8 de Marzo señala un hito inolvidable en la historia de estos años. La reacción del régimen fue inmediata. Pero la represión ejercida particularmente sobre las trabajadoras y sus organizaciones sindicales, no contuvo un proyecto que ya estaba en marcha. En los años ochenta aparecen nuevas organizaciones. Se incor- poran con gran fuerza las mujeres jóvenes. Muchachas aún no atadas por el compromiso con hijos pequeños, quieren unirse para conver- sar sus inquietudes, sus conflictos, compartir sus aspiraciones, y sobre todo saber, aprender lo no aprendido, aquello de lo cual nadie, ni en familia ni en la escuela jamás les explicó: «¿quién soy yo como mujer?, ¿por qué me dan un trato diferente?, ¿por qué no me siento capaz de asumir una tarea, un trabajo, cuando sé de más que me la puedo?». Entre las mujeres profesionales (periodistas, sicólogas, sociólo- gas) cunde igual inquietud. Son trabajadoras que experimentan las
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