Olga Poblete. Educadora, historiadora, feminista, militante de la paz

306 olga poblete tos cerrados, sedes sindicales, entidades culturales, talleres, audito- rios de la Iglesia, alguna vez un teatro, como el 5 de marzo de 1980 en el Cariola, Fortín Prat en Valparaíso o Vicente Sotomayor en Ari- ca, en 1984; cepal en 1983 y 1984. Pero la mayor parte de ellos, tanto en Santiago como en las pro- vincias fueron grandes manifestaciones en las calles centrales de las ciudades, sus plazas y parques. En cada ocasión y lugar las mujeres se expusieron a la creciente represión policial que culmina en 1986 con despliegue de soldados «en tenida de combate». En las poblaciones las mujeres demuestran una voluntad dis- puesta a sufrir todos los riesgos: realizan marchas en el anochecer; se reúnen en locales diversos; concurren en delegaciones a las convoca- torias en la ciudad; confeccionan pancartas, lienzos, volantes; emiten declaraciones que logran cabida en algunas radioemisoras; saludan a organismos internacionales; denuncian los atropellos ante las emba- jadas extranjeras acreditadas en Chile; elevan sus reclamos en la Co- misión de Derechos de la Mujer de las Naciones Unidas. Proliferan los informativos de las organizaciones de mujeres que dedican número especial al Día Internacional de la Mujer. A la cultura de la muerte que se ha instaurado en estos años, las mujeres oponen su enorme creatividad, su amor por la vida y la defensa de esta. Introduce sorprendentes innovaciones. En 1985, la Agrupación de Mujeres De- mocráticas centra su 8 de Marzo en una creación de teatro colectivo de Taller de Arpilleristas. Más que cualquier elaborado discurso, este gru- po de mujeres expone sus vivencias, la expresión íntima de sus perso- nalidades, los porqué de sus arpilleras, los rasgos inconfundibles de sus vidas de dueñas de casa y de luchadoras por sus derechos como muje- res, al mismo tiempo. La discusión abierta que siguió a ese programa, con gran participación del público femenino, es una de tantas demos- traciones de la vida que sigue adelante y se renueva promisoriamente. La riqueza de contenidos en las acciones y homenajes, la pro- yección del espíritu organizativo que han demostrado las mujeres precisamente en estos años tan difíciles vividos bajo tantos signos sombríos y no negativos, y la voluntad unitaria, a pesar de todo, son los rasgos más relevantes del movimiento femenino chileno bajo el régimen militar.

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