Olga Poblete. Educadora, historiadora, feminista, militante de la paz

29 I. Mujer del siglo xx como en la entrevista realizada por Diamela Eltit y Lotty Rosenfeld en 1989, subraya las tensiones internas derivadas del nuevo escena- rio político abierto tras la conquista del sufragio pleno: la dedicación de las mujeres a tareas partidarias junto a la persistente división se- xual del trabajo político en esos espacios, que relegó nuevamente los problemas de las mujeres a un lugar secundario en la agenda. En cualquier caso, la disolución del memch no significó el cese de la militancia feminista de Olga, como han mostrado las inves- tigaciones de Kimberly Seguel, Valeria Olivares y María Fernanda Lanfranco. En una carta de agosto de 1953, aún como secretaria general, anunciaba que una nueva organización buscaba reunir a mujeres y asociaciones: la Unión de Mujeres de Chile (Caffarena y Poblete, 1982, p. 11), en la que militaría durante las dos déca- das siguientes y donde se reencontraría con antiguas compañeras del memch, entre ellas Elena Caffarena. Además de su participación en esta nueva estructura, Olga mantuvo una activa militancia en el movimiento feminista internacional: ese mismo año asistió como delegada al Congreso Mundial de Mujeres celebrado en Dinamarca, manteniendo así su vínculo con los circuitos transnacionales del fe- minismo socialista y pacifista. Durante el resto de la década Olga desplegó su política en el campo educativo, tanto a través de publicaciones como en su acti- va participación gremial. En la Universidad de Chile publicó Do- cumentos para el estudio de la historia de la Antigüedad , un volumen pedagógico que proponía un trabajo directo con las fuentes, sin me- diaciones interpretativas, de modo que los y las estudiantes pudieran construir sus propias lecturas. En el prefacio de ese texto dejó formu- lada su concepción de la educación y del sentido de los procesos for- mativos de la juventud, con una especial sensibilidad a la relevancia biográfica de los aprendizajes: De ahí que sea falso, e inútil, el propósito de «hacer aprender» situaciones sin significado, conocimientos organizados sobre esquemas lógicos que resultan artificiales para el joven adoles- cente. Es preciso, en cambio, mirar el contenido del material educativo desde dentro de su mundo atormentado por la lucha

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