Olga Poblete. Educadora, historiadora, feminista, militante de la paz

269 III. feminista zación, tenía ya a su haber las luchas de un proletariado emergente; había conocido la prosperidad y estaba cayendo al pozo de la «gran depresión» económica del año treinta; vivía intensamente los fer- mentos ideológicos desatados primero por la revolución rusa de 1917, luego por la primera guerra mundial y por los inicios del fas- cismo que arrastraría a la humanidad a la mayor catástrofe de su historia. Estas mujeres procedían de un caudal de experiencias acu- muladas tanto en las luchas de los mineros del salitre y las primeras fábricas, en las Mancomunales, las Mutuales, los «sindicatos en re- sistencia», como en las acciones desmesuradas para su tiempo, de las universitarias de la fech de los años veinte. De ahí, sin duda, el tono firme, desafiante, que tienen los pri- meros escritos del memch: sus Estatutos, sus peticiones a las auto- ridades, los conminatorios volantes producidos para las campañas contra la carestía de la vida, contra el cohecho, el analfabetismo, los conventillos. Digno de consignarse es su periódico La Mujer Nueva , que se publicó desde noviembre de 1935, bajo la dirección de Marta Vergara, y se editó mes a mes durante todo 1936. Fue para el memch su tribuna, su espejo, su enseña. El nexo común entre estas mujeres era su convicción democrá- tica amplia, eminentemente política pero no partidista. Compren- do que cueste entender esta aparente contradicción si la manejamos dentro de la malla enajenante en la cual hoy en Chile se debaten las ideas. Pero en los años treinta se percibía claramente la necesidad de construir la barrera más potente contra el conservantismo, las fuer- zas reaccionarias y su insaciable voracidad de poder y riqueza. ¡Qué mejor ilustración que allá en España la República desangrándose! Las mujeres que fundaron el memch y las que acudieron al lla- mado, venían de la dictadura de Ibáñez y se encaminaban al Frente Popular de Pedro Aguirre Cerda. Para hacer este trayecto hacia la li- bertad y la dignidad, era imperioso lograr la unidad de la diversidad y esto era factible si se entendía construir la democracia mediante la convergencia de todas las fuerzas y sectores sociales que creían y que- rían el gobierno del pueblo, por el pueblo, para el pueblo. La eman- cipación de la mujer se concebía ligada al perfeccionamiento de la democracia, por tanto, inserta en las luchas populares.

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