Olga Poblete. Educadora, historiadora, feminista, militante de la paz

268 olga poblete y refinada cultura. Su legado es magnífico. Ellas fueron signos visi- bles de una masa ignorada de dueñas de casa, cuidadoras del hogar y la familia, de trabajadoras de los talleres, de campesinas, de com- pañeras valerosas de mineros del salitre y del carbón. Entre aquella élite, sin embargo, muchas audaces hicieron noticia, porque hicieron cosas. La chillaneja Cornelia Olivares, que en 1817 incitaba a los chilenos a luchar en el bando patriota para acabar con el coloniaje; la escritora Martina Barros, que tradujo «La esclavitud de la mujer» de J. Stuart Mill, publicándolo en el periódico La Mujer , fundado hacia 1877; las maestras Antonia Tarragó e Isabel Lebrun de Pino- chet, que abrieron en Copiapó el primer Liceo de Niñas (1877), e impulsaron además la dictación del Decreto Amunátegui. En 1894 un diario publica la noticia de haberse fundado en Santiago la «So- ciedad Emancipadora de la Mujer» y acompaña lista de su Directiva. Entonces uno empieza a percibir cómo la débil corriente primitiva ha crecido a lo largo de décadas. Nada es casual en la Historia. Por algo ocurren sucesos en Chillán en 1817 y por más de algo es que este par de maestras inician un colegio secundario femenino en Co- piapó. Tampoco es por azar que encontramos a unas buscadoras de «emancipación» antes de finalizar el siglo pasado. El memch fue concebido para integrar mujeres de toda condi- ción social, intelectual, ideológica. Atrajo tanto a abogadas, periodis- tas, médicos, maestras, artistas, escritoras, asistentes sociales, como a obreras, campesinas, dirigentes sindicales y a un buen número de esas valiosas y esforzadas mujeres que se autoenrolan en el rubro de dueñas de casa. Para todas, por igual, el memch fue una gran escuela de civismo. En el curso de los años treinta ya habían madurado por lo menos un par de generaciones herederas de aquella oleada de mujeres pro- fesionales brotadas del Histórico Decreto Amunátegui (1877), que les abrió las puertas de la Universidad de Chile. Hay que retener este hecho porque no solo explica en parte el asunto del feminismo en Chile, sino también el liderato de éste en el movimiento femenino latinoamericano. Las mujeres que decidieron fundar el memch en 1935 pertene- cían a un país que había vivido las primeras etapas de su industriali-

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