Olga Poblete. Educadora, historiadora, feminista, militante de la paz
25 I. Mujer del siglo xx vez que conocí un país socialista y también la destrucción de la guerra. Varsovia era una ciudad arrasada, la gente vivía en los escombros (…) Estuvieron presentes grandes personalidades del mundo, famosos escritores, políticos, científicos. Pero no fueron sus notables intervenciones las que más me impactaron. Fue la brutalidad de la guerra que percibí con solo asomarme a la calle y caminar por kilómetros y kilómetros de escombros. (Mansilla, 1986, p. 122) A su regreso presentó su informe «La paz no se espera, se conquista» ante un Teatro Coliseo colmado de asistentes. El documento –un minucioso relato del congreso y de las principales discusiones allí sostenidas– se convirtió en una hoja de ruta para las y los adherentes del movimiento en Chile. Para entonces, aquella mujer que en sus inicios había rehuido los roles de oradora, se había transformado en una de las voces públicas más destacadas de la izquierda chilena y del movimiento popular. A fines de 1951, Olga intentó viajar a Viena como representante del Movimiento Chileno por la Paz para asistir a una sesión plena- ria del Consejo Mundial de la Paz, en reemplazo de Guillermo del Pedregal, quien se hallaba entonces involucrado en la campaña pre- sidencial de Carlos Ibáñez del Campo. Fue en ese contexto cuando sufrió la primera de varias formas de represión política directa: se- gún consigna un memorando de la cia, que la describe como «una prominente mujer comunista», el gobierno chileno le retuvo el pa- saporte e impidió su salida del país (cia, 1951). La medida no pasó desapercibida; el periódico Democracia –que reemplazaba a El Siglo durante la proscripción del Partido Comunista– denunció la acción enérgicamente. A fines de ese mismo año, Olga viajó como jefa de la delegación chilena a la Conferencia de los Pueblos del Asia y del Pacífico por la Paz celebrada en Pekín (Montt y Lanfranco, 2024), organizada por el gobierno transicional de Mao Tse Tung. Aquella experiencia tuvo un profundo impacto en ella. Desde los años treinta había seguido con atención la historia de los pueblos asiáticos y, en años más re- cientes, había mirado esperanzada el proceso revolucionario chino,
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