Desolación

255 La raíz del rosal Bajo la tierra como sobre ella hay una vida, un conjun- to de seres que trabajan y luchan, que aman y odian. Viven allí los gusanos más oscuros, y son como cordones negros, las raíces de las plantas, y los hilos de agua subterráneos, prolongados como un lino palpitador. Dicen que hay otros aún: los gnomos, no más altos que una vara de nardo, barbudos y regocijados. He aquí lo que hablaron cierto día al encontrarse, un hilo de agua y una raíz de rosal: —Vecina raíz, nunca vieron mis ojos nada tan feo como tú. Cualquiera diría que un mono plantó su larga cola en la tierra y se fue dejándola. Parece que quisiste ser una lombriz, pero no alcanzaste su movi- miento en curvas graciosas, y solo le has aprendido a beberme mi leche azul. Cuando paso tocándote, me la reduces a la mitad. Feísima, dime, ¿qué haces con ella? Y la raíz humilde respondió: —Verdad, hermano hilo de agua, que debo apare- cer ingrata a tus ojos. El contacto largo con la tierra me ha hecho parda, y la labor excesiva me ha defor- mado, como deforma los brazos al obrero. También yo soy una obrera; trabajo para la bella prolongación de mi cuerpo que mira al sol. Es a ella a quien envío la leche azul que te bebo; para mantenerla fresca, cuando tú te apartas, voy a buscar los jugos vitales lejos. Hermano hilo de agua, sacarás cualquier día tus platas al sol. Busca entonces la criatura de belleza que soy bajo la luz.

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