Desolación
253 —Parecen un arrebol, y saludan, doblándose, como las reinas de los cuentos. Y nos arrancó dos gemelas con un gran tallo. Tras él venía un labriego. Abrió los ojos asom- brado, gritando: —¡Prodigio! ¡La tapia se ha vestido de percal mul- ticolor, ni más ni menos que una vieja alegre! Y luego: —Para la Añuca y su muñeca. Y sacó seis, de una sola guía, arrastrando la rama entera. Pasó un viejo peregrino. Miraba de extraño modo: frente y ojos parecían dar luz. Exclamó: —¡Alabado sea Dios en sus criaturas cándidas! ¡Señor, para ir glorificándote en ella! Y se llevó nuestra más bella hermana. Pasó un pilluelo. —¡Qué comodidad! —dijo—. ¡Flores en el cami- nito mismo! Y se alejó con una brazada, cantando por el sendero. Señor, la vida así no es posible. En días más, las tapias quedarán como antes: nosotras habremos desaparecido. —¿Y qué queréis? —¡Defensa! Los hombres escudan sus huertas con púas de espino y zarzas. Algo así puedes realizar en nosotras. Sonrió con tristeza el buen Dios, porque había querido hacer la belleza fácil y benévola, y repuso: —¡Sea! Veo que en muchas cosas tendré que hacer lo mismo. Los hombres me harán poner en mis hechuras hostilidad y daño.
Made with FlippingBook
RkJQdWJsaXNoZXIy Mzc3MTg=