Desolación
243 criaturas, pues les bebiste toda la sangre en la esponja de tu pecho, ¡ávida! Te entiendan y se fundan de alabanza las cosas mismas cuando te oyen aullar de angustia; los sem- blantes de las cosas se vuelvan hacia ti, vivos como se volvieron para mirar a Orfeo, ¡animadora! Te lleven sus cantos los hombres y las mujeres, y solo tú seas digna de dar los terciopelos de su plegaria, y te pidan la boca para su alarido. ¡Y quede tu voz resonando cincuenta años en las entrañas de los que te escucharon, como resonará en las mías para siempre!
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