Desolación
231 La venda Toda la belleza de la tierra puede ser venda para tu herida. Dios la ha extendido delante de ti; así, como un lienzo coloreado te ha extendido sus campos de primavera. Son ternura de la tierra, palabras suyas de amor, las florecillas blancas y el guijarro de color; siénte- los de este modo. Toda la belleza es misericordia de Dios. El que te alarga la espina en una mano temblorosa, te ofrece en la otra un motivo para la sonrisa. No digas que es un juego cruel. Tú no sabes (en la química de Dios) por qué es necesaria el agua de las lágrimas. Siente así como venda el cielo. Es una ancha venda que baja hasta tocar la magulladura de tu cora- zón en suavizadora caricia. El que te ha herido, se ha ido dejándote hebras para la venda por todo el camino... Y cada mañana, al abrir tus balcones, siente como una venda maravillosa y anticipada para la pena del día, el alba que sube por las montañas... A un sembrador Siembra sin mirar la tierra donde cae el grano; estás perdido si consultas el rostro de los demás. Tu mirada invitándoles a responder, les parecerá invitación a alabarte, y aunque estén de acuerdo con tu verdad, te negarán por orgullo la respuesta. Di tu palabra, y sigue tranquilo, sin volver el rostro. Cuando vean que
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