Olga Poblete. Educadora, historiadora, feminista, militante de la paz
230 olga poblete Se trata de una nueva etapa en sus vidas, ya más alejadas de las la- bores de enseñanza en las aulas liceanas, y más involucradas en los debates políticos de su época. Los años venideros estuvieron mar- cados por su creciente presencia en el espacio público: María Mar- chant obtuvo la tercera mayoría en las elecciones municipales de 1970, siendo reelegida regidora, mientras que Olga Poblete formó parte de la organización de la unctad iii en 1971, como otras com- pañeras están investigando. Parafraseando a María, podemos decir que, mientras todo esto sucedía , Olga y María permanecían cercanas, amigas, colegas, vecinas y compañeras, formando parte de la mis- ma red humana que brindó el soporte necesario para que el pueblo chileno escribiera algunas de las páginas más bellas de su Historia. La Unidad Popular fue vivida por Olga y María casi septuagenarias, contando con reconocimiento social y amplias redes intelectuales y políticas, con hijos adultos y profesionales que colaboraron con ellas en diversas tareas, sosteniendo las valiosas redes que les brindaron el apoyo necesario para traspasar fronteras. Dictadura: La certeza de un epistolario ausente El golpe de Estado de 1973 tuvo duras consecuencias para el movi- miento popular chileno y, con él, también para María y Olga, cuyas vidas públicas habían estado estrechamente vinculadas a diversas lu- chas emancipatorias durante los últimos cuarenta años. Sabemos que Humberto Espinosa, el hijo de Olga, de treinta y tres años, estuvo de- tenido en el Estadio Nacional entre septiembre y octubre de 1973, lo que motivó a su madre a formar, junto a otras mujeres, la Agrupación de Mujeres Democráticas de Ñuñoa. A inicios de 1974 dejará de traba- jar en la Universidad de Chile, tras más de cuarenta años de ejercicio. En el caso de María, que había enviudado de González Vera en 1970, su destino fue aún más incierto, debido a su activa militancia comunista y su rol público. El 14 de julio de 1976 el esposo de su hija Laura, Carmelo Soria Espinoza, funcionario internacional español de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (cepal), fue secuestrado por agentes de Brigada Mulchén de la Dirección de Inteligencia Nacional (dina), llevado a un centro clandestino de
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