Desolación
229 canto mi pequeñez, solo por hacerte volver el rostro si me dejas perdida, ¡oh, mi Segador extasiado! Verdad es también que no haré falta para tus hari- nas celestiales; verdad es que en tu pan no pondré un sabor nuevo. Mas, de vivir atenta a tus movimientos sutiles, te conozco tantas ternuras que me hacen con- fiar. Yo te he visto, yendo de mañana por el campo, recoger evaporada la gotita de rocío que tirita en la cabezuela florida de una hierba y sorberla con menos ruido que el de un beso. Te he visto asimismo dejar disimuladas en el enredo de las zarzamoras las hebras para el nido del tordo. Y he sonreído, muerta de dicha, diciéndome: —Así me recogerá, como a la gotita trémula, antes de que me vuelva fango; así como al pájaro se cuidará de albergarme después de la última hora. ¡Recógeme, pues, recógeme pronto! No tengo raí- ces clavadas en esta tierra de los hombres. ¡Con un simple movimiento de tus labios, me sorbes; con una imperceptible inclinación, me recoges!
Made with FlippingBook
RkJQdWJsaXNoZXIy Mzc3MTg=