Desolación

22 Al pueblo hebreo (Matanzas de Polonia) Raza judía, carne de dolores, raza judía, río de amargura: como los cielos y la tierra, dura y crece aún tu selva de clamores. Nunca han dejado orearse tus heridas; nunca han dejado que a sombrear te tiendas, para estrujar y renovar tu venda, más que ninguna rosa enrojecida. Con tus gemidos se ha arrullado el mundo, y juega con las hebras de tu llanto. Los surcos de tu rostro, que amo tanto, son cual llagas de sierra de profundos. Temblando mecen su hijo las mujeres, temblando siega el hombre su gavilla. En tu soñar se hincó la pesadilla y tu palabra es solo el «¡miserere!». Raza judía, y aún te resta pecho y voz de miel, para alabar tus lares, y decir el Cantar de los Cantares con lengua, y labio, y corazón deshechos.

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