Olga Poblete. Educadora, historiadora, feminista, militante de la paz

214 olga poblete En los años veinte los caminos de María y Olga se acercaron en las aulas del Instituto Pedagógico. Para entonces la pedagogía ya era un trabajo feminizado: en 1927 se habían titulado más de seiscientas profesoras de Estado, capacitadas para desempeñarse en la creciente educación secundaria. Ese mismo año, siete de cada diez estudiantes del Pedagógico eran mujeres (Guérin, 1928, p. 439). Esta genera- ción no solo fue relevante al interior de los liceos, sino que consti- tuyó una nueva actoría social. Amanda Labarca (1939) la describirá como una «pléyade juvenil de maestros», animados por un «soplo de anhelos incontenibles» de reforma educativa y social (pp. 239-240). Tal como destacaron Loreto Egaña, Iván Núñez y Cecilia Salinas (2003), en esta época «se favoreció una creciente presencia públi- ca de las preceptoras, paralelamente y complementaria con el surgi- miento de las primeras expresiones feministas» (p. 140). Tras obtener el Bachillerato en Humanidades en 1921, María Marchant ingresó a Pedagogía en Inglés, «pensando que este le faci- litaría los viajes que soñaba hacer» (González-Vera, 1973, p. 345). Este paso no significó un quiebre con su círculo ni con sus intereses: mantuvo la estrecha amistad con sus tres compañeras del liceo y con- tinuó cultivando lecturas, como las del escritor francés Henri Bar- busse (Poblete, 1993, p. 18). Un hito particularmente significativo de esta etapa fue la decisión de las cuatro amigas de incorporarse a la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile (fech), siendo las primeras mujeres afiliadas. Si bien la recepción inicial fue de «es- pontáneo entusiasmo», las expectativas de sus compañeros sobre su rol fueron bastante limitadas, pues «cuando ellas preguntaron por las tareas que podían asumir, las encargaron solamente de la responsa- bilidad de ocuparse del orden y correcta presentación del local» (Po- blete, 1993, p. 20). Lejos de conformarse, «pronto ellas tomaron la iniciativa de invitar a compañeras de otras escuelas a visitar la fech y asistir a sus reuniones» 47 (Poblete, 1993, p. 20). Esta proactividad, 47 «El acto de venir debió ser muy sopesado por ellas y, con certeza, les exigió un tremen- do valor, pero una tarde entraron a la sala de sesiones quietecitas ante el centenar de discutidores» (González Vera, 1973, p. 343).

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