Olga Poblete. Educadora, historiadora, feminista, militante de la paz

20 olga poblete los márgenes de su jornada. Como su madre años antes, ella también apostaba a migrar si era necesario. Al no encontrar una posición estable en Santiago, postuló a un cargo en la ciudad de Constitución, donde debía hacer clases de his- toria y algunas horas de dibujo. También por esa época dictó clases de educación cívica y economía en liceos de Santiago, asignaturas que se habían incorporado recientemente al currículo escolar como parte de una reforma educativa que promovía la formación ciuda- dana. En las clases que realizaba por hora en el Liceo N° 3 hizo mi- gas con un grupo de profesoras antifascistas. Junto a ellas, simpatizó con la República española e, iniciada la guerra civil, hizo parte del Socorro Rojo, una red de solidaridad enfocada en conseguir víveres, ropas y medicamentos para las niñas y niños españoles (Mansilla, 1986, p. 117). Cuando Eugenio Pereira Salas, amigo y colega desde los años universitarios, se enteró de que Olga se iría a Constitución, «pegó el grito en el cielo», según recordaría ella misma (Mansilla, 1986, p. 116). La instó a hablar con Luis Puga, jefe del Departamento de Historia de la Universidad de Chile, quien le ofreció una ayudantía en el curso de Geología a cargo del profesor Juan Brieger. La experiencia fue inesperada, pero profundamente estimulan- te. La geología, el estudio de las rocas, los metales, las montañas, despertaban en Olga una curiosidad que iba más allá del contenido disciplinar. Le permitía observar, con asombro, los largos procesos de transformación de la Tierra; la lenta pero constante producción de los paisajes que habitamos. Su disposición al asombro, su gusto por las salidas a terreno y por la montaña, así como su deseo de co- nectar el conocimiento con la experiencia práctica, encontraron ahí un espacio fértil. Fue poco después, en 1935, que María Marchant la recomendó para asumir la tarea de reestructurar el Departamento de Estudios Sociales del Liceo Experimental Manuel de Salas, bajo la dirección de Irma Salas. Aquella incorporación fue decisiva. El Manuel de Sa- las era entonces un proyecto innovador, un laboratorio pedagógi- co en el que estudiantes y docentes se reunían a experimentar con nuevas formas de enseñanza. Allí Olga encontró un espacio donde

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