Olga Poblete. Educadora, historiadora, feminista, militante de la paz

207 III. feminista movimiento feminista y sus vidas, oscila entre registros pocas veces con- siderados y amplias omisiones investigativas que es necesario abordar. Para comprender sus vidas considerando sus múltiples puntos de contacto, hemos considerado las nociones de vulnerabilidad e interdependencia de la filósofa Judith Butler. Ella propone que la vulnerabilidad es una condición de la vida social y política, en tanto todas las personas somos cuerpos que requieren cuidados y recono- cimiento. Esta condición da lugar a la dependencia mutua que man- tenemos con otros, a la necesidad de apoyos para sostener la vida y la construcción de alianzas. Sobre aquellos soportes materiales y simbólicos se inscriben las huellas de cada biografía. Por ello, cuan- do las trayectorias de Olga y María tienden a difuminarse o han per- manecido marginadas de ciertos registros, recurrimos al análisis de los contextos y agenciamientos colectivos de los que formaron parte. Esta doble aproximación –examinar los archivos personales existen- tes y situarlos dentro de sus redes colectivas– nos permite interpre- tar sus vidas de manera más compleja, evitando caer en el relato del mérito personal o la excepcionalidad individual, una tentación fácil dados sus indiscutibles logros. Este enfoque nos ayuda a reconocer las formas de acción de estas mujeres provenientes de familias de cla- se trabajadora, hijas de la educación pública, profesoras militantes, feministas modernas, amigas entrañables que transitaron el siglo xx entre y a través de las fronteras entre lo público y lo privado. * María y Olga fueron parte de la primera generación de estudiantes en asistir a liceos públicos femeninos. El debate por la educación de las mujeres tuvo importantes hitos en la segunda mitad del siglo xix, como el Decreto Amunátegui de 1877, que permitió el ingreso de mujeres a la universidad, estimulando la creación de liceos de niñas 41 . Muchos de estos liceos fueron definidos como continuadores de la formación de futuras madres y esposas, además de estar destinados «a servir a la clase más pudiente». Por ello, «no intentaron conducir a 41 Hoy el Decreto Amunátegui es reivindicado como Decreto Tarragó-Le Brun, en ho- nor a las directoras de institutos femeninos que fueron sus principales impulsoras.

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