Desolación
197 Imagen de la tierra No había visto antes la verdadera imagen de la tierra. La tierra tiene la actitud de una mujer con un hijo en los brazos (con sus criaturas en los anchos brazos). Voy conociendo el sentido maternal de las cosas. La montaña que me mira también es madre, y por las tardes la neblina juega como un niño por sus hombros y sus rodillas. Recuerdo ahora una quebrada del valle. Por su lecho profundo iba cantando una corriente que las bre- ñas hacen todavía invisible. Ya soy como la quebrada; siento cantar en mi hondura este pequeño arroyo y le he dado mi carne por breña hasta que suba hacia la luz. Al esposo Esposo, no me estreches. Lo hiciste subir del fondo de mi ser como un lirio de aguas. Déjame ser como un agua en reposo. ¡Ámame, ámame ahora un poco más! Yo, ¡tan pequeña!, te duplicaré por los caminos. Yo, ¡tan pobre!, te daré otros ojos, otros labios, con los cuales gozarás el mundo; yo, ¡tan tierna!, me hendiré como un ánfora por el amor, para que este vino de la vida se vierta de mí. ¡Perdóname! Estoy torpe al andar, torpe al ser- vir tu copa; pero tú me henchiste así y me diste esta extrañeza con que me muevo entre las cosas. Seme más que nunca dulce. No remuevas ansiosa- mente mi sangre; no agites mi aliento. ¡Ahora soy solo un velo; todo mi cuerpo es un velo bajo el cual hay un niño dormido!
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