Olga Poblete. Educadora, historiadora, feminista, militante de la paz

178 olga poblete ficar esto desde las civilizaciones primitivas hasta las más elaboradas, como un gran denominador común a toda la especie humana, a tra- vés de las edades. Es de la esencia misma de la función educativa, el atributo de forjar los instrumentos para la acción futura y la sociedad espera de las escuelas, más y más promociones de ciudadanos capa- ces de proyectar su talento en obras de bienestar colectivo, así como en renovadas expresiones creadoras. De ahí que la educación y la paz se confundan; ésta constituye garantía de la realización de los fines últimos de aquella. Una gran responsabilidad de educar para la paz, recae sobre los maestros de nuestros días. La organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (unesco) propone «sacar a la guerra de la mente del hombre» y cuenta para ello con la acción educativa. La realización de tal propósito, es tarea compleja, de largo alcance y descansa primordialmente en una actividad sostenida de los educadores, impulsada por una conciencia clara y firme de fines y medios. No basta con declarar que los maestros adhieren a los ideales de paz, para que automáticamente derive de ello una nueva actitud de parte de los alumnos. Mal educan para la paz la escuela y el maestro imbuidos del falso orgullo que lleva a desestimar a otros pueblos y culturas; dominados por prejuicios ideológicos o de clase que obstruyen la formación de una mentalidad capaz de percibir la unidad en la diversidad, apta para estimar al hombre y su obra en la universalidad de su significa- do. «Querer embellecer una villana historia guerrera», dice Lao Tse, «es regocijarse con la matanza». Reflexión milenaria, y sin embargo, como toda profunda sabiduría, de indiscutible vigencia. Tampoco educan para la paz la escuela y el maestro que se desvin- culan de la realidad; temerosos de sus complejidades y sus canden- tes problemas, buscan refugio en una imagen deformada del orden, la estabilidad y la ley. Es sin duda más cómodo y menos arriesgado presentar a los alumnos el tema de la construcción de las pirámides egipcias que el de la ejecución del nuevo puente sobre el Yangtse o el de la roturación de las tierras vírgenes en la Siberia soviética; disertar sobre las luchas civiles en la antigua Roma, antes que sobre los orí- genes de la crisis social de nuestros días; referirse a las tiranías italia-

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