Desolación

175 Dicen que en las cimeras apretadas de la próxima sierra hay alimañas que el valle no conoce y que en la sombra, como greñas, desprende la montaña. Me va ganando el corazón el frío de la cumbre cercana. Pienso: acaso los muertos que dejaron por impuras las ciudades, eligen el regazo recóndito de los desfiladeros de tajo azul, que ningún alba baña, ¡y al espesar la noche sus betunes como una mar invadan la montaña! Tronchad los leños tercos y fragantes, salvias y pinos chisporroteadores, y apretad bien el corro en torno al fuego, ¡que hace frío y angustia, leñadores!

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