Olga Poblete. Educadora, historiadora, feminista, militante de la paz
161 II. pedagoga de la historia hombres en que quedaron impresas las manos artesanales y la volun- tad creadora. La palabra escrita miles de años atrás, puede volver a iluminar, como el sol de este día, derramar su cálida riqueza y actua- lizar un retazo de humanidad ya desaparecida en el espacio. Hay un poema de amor tallado en la figurilla de la Venus de Willendorf del Aurignaciense, a quien los milenios no han logrado borrar su tremenda autenticidad. Es el mismo mensaje que recono- cemos grabado en la cabeza de la Nefertitis, en las dulces Tanagras, o en las deliciosas terracotas chinas de la época de los emperadores T’ang. La eterna empresa del trabajo de la tierra, presente hasta hoy en sus elementos más primitivos, derrama sus dramáticos llamados en los textos babilónicos, las inscripciones egipcias, las crónicas del lejano oriente, las reformas de los legisladores griegos. La preocu- pación ancestral por la norma orientadora de la conducta destila la misma profunda sabiduría, rondando por las enseñanzas egipcias, las aristas duras de los Proverbios, los textos reflexivos de los histo- riadores griegos y romanos. La inquietud balbuciente de las viejas cosmogonías, vuelve a encontrarse con el empeño de los geómetras y de los astrónomos, en las preguntas eternas sobre el origen de la vida y el sistema del universo. Y en las reflexiones del buen Emperador Asoka, sobre la comprensión, el respeto y la paz, el hombre de hoy redescubre su incesante búsqueda de la satisfacción y la seguridad. La poesía, que también es historia, retrata como espejo sutil toda la gama de los temas del hombre: estalla en los lamentos de Isis y en la divina pugna de la Sibila de Esquilo; sueña engañadora y jugue- tona en los poemas de Li-po y en los Idilios de Teócrito; aplasta con su abrazo cósmico en el Ramayana y sacude, con clarinada épica, en el canto virgiliano. La tierra, generosa y paciente, siempre abierta a la empresa humana, jamás quedó ajena a la descripción histórica. Heródoto la tragina incansable en sus Nueve Libros de la Historia , y nos trae hasta nuestros días el paisaje antiguo, con sus ríos, montañas y mares que fueran el escenario para la hazaña de los pueblos en su vida cotidiana, en sus sueños y ambiciones. No podemos dejar la juventud al margen de este valioso legado. Anidan en él lasmás ricas reservas de fuerzas creadoras; ayudémosle a ex- presarlas y a encontrar sus propias fuentes de originalidad y perspectiva.
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