Desolación
160 Soy la ladera y soy la viña y las salvias, y el agua niña: ¡todo el azul, todo el candor! Porque en sus hierbas me apaciento mi Dios me guarda de sus vientos como a los linos en la flor. Vendrá la nieve cualquier día; me entregaré a su joya fría (fuera otra cosa rebelión). Y en un silencio de amor sumo, oprimiendo su duro grumo me irá vaciando el corazón.
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