Desolación

157 III Canción del hombre de proa El hombre sentado a la proa, el hombre con faz de ansiedad, ¡qué ardiente navega hacia el norte; sus ojos se agrandan de afán! Los rostros que yo amo, los míos, quedaron atrás, y mi alma los teje, los borda encima del mar. El hombre que piensa en la proa padece de ansiar. ¡Qué lento que avanza su barco y vuela fugaz! Y mi alma quisiera la marcha tremenda quebrar, ¡que todos los rostros que amo se quedan atrás! Al hombre que sufre en la proa, el viento del mar le anticipa los besos que espera, y arde de ansiedad. Pero el viento del norte, ¡qué beso pondría en mi faz, si los rostros que amo quedaron atrás!

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