Olga Poblete. Educadora, historiadora, feminista, militante de la paz
129 II. pedagoga de la historia convivencia democrática es posible impulsar su programa de traba- jo»– demuestran una lúcida comprensión de la interdependencia en- tre luchas gremiales, defensa de los derechos civiles y consolidación democrática. Se conectaban así las demandas específicas del profeso- rado con la lucha más amplia por los derechos democráticos y labo- rales impulsada por la cut y la oposición al gobierno de Ibáñez. En este contexto, el hecho de no ser militante del Partido Comunista le permitió asumir un rol más activo en el espacio público, puesto que no había sido proscrita, exonerada o exiliada. A nivel internacional, fue representante de la fedech y secretaria de la Mesa Directiva en el VI Congreso Americano de Educadores celebrado en Montevideo en 1957, realizado pocos días después de la muerte de Gabriela Mis- tral, a quien dedicó sentidas palabras en su discurso inaugural. Conjuntamente con estas labores gremiales, Olga Poblete docu- mentó y criticó las condiciones laborales del profesorado. Específi- camente, denunció lo que consideraba una «aberración pedagógica»: el horario oficial de treinta y seis horas semanales de clases directas, a menudo frente a cursos numerosos de hasta cincuenta o sesenta es- tudiantes. Olga sostuvo que estas jornadas «bloquean definitivamen- te toda posibilidad de preparación de un trabajo didáctico eficiente», dejando al profesor exhausto y apenas capaz de cumplir con la ruti- na elemental, sin tiempo ni energía para la reflexión, la preparación creativa, la innovación metodológica o el seguimiento individualiza- do de los estudiantes. Calificaba como verdaderos «héroes de la pro- fesión docente» a aquellos colegas que, «pese a la tiranía de las treinta y seis horas», lograban sobreponerse a la fatiga y encontraban tiempo para perfeccionarse, organizar actividades extracurriculares, impulsar proyectos comunitarios o preparar sus propios materiales didácticos. Concluía con una reflexión –aún vigente–: «casi quita el aliento pen- sar cuánto [...] [podrían] realizar educadores como estos, si tuvieran siquiera los elementos y las condiciones básicas para un trabajo do- cente moderno» (1959, p. 13). De esta manera, lejos de compren- der su participación gremial solo como una respuesta a la situación de proscripción legal e inminente represión en la que quedaron diri- gentes históricos del profesorado –como su amiga María Marchant–, la participación de Poblete en asuntos gremiales no debiera solo ser
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