Olga Poblete. Educadora, historiadora, feminista, militante de la paz
125 II. pedagoga de la historia tiría en 1954, cuando el Comité Naciones Unidas, acompañados por Olga Poblete, visitó al diplomático hindú Arcot Ramasamy Mudaliar, primer presidente del Consejo Económico y Social de las Naciones Unidas, durante su paso por Santiago ( La Nación , 8 de abril 1954). Algunos años más tarde, en su Cuaderno de Estudios Sociales para II año de Humanidades (1955) Olga publica la propuesta didáctica «Galería del Trabajador Chileno». Esta unidad instaba a los estu- diantes a analizar «una serie de cuadros y breves descripciones de los tipos del trabajador chileno, que en las más diversas actividades y re- giones del país, contribuye con su actividad a la marcha de la nación y al progreso colectivo: el hombre del salitre, el minero del cobre, el minero del carbón, el campesino, el pescador, el marinero, el obrero de las fábricas, la mujer obrera, la campesina, etc.» (Poblete, 1955, p. 49). Esta actividad otorgaba centralidad social y política a la clase trabajadora, buscando explícitamente visibilizar y valorar su aporte fundamental al «progreso colectivo». Destaca la inclusión específica de «la mujer obrera, la campesina», lo que reconoce la participación femenina en la sociedad y dialoga con la perspectiva feminista de Po- blete y el carácter coeducacional del lms. El propósito final de estas metodologías y enfoques curriculares era, según Poblete, trasladar a la escuela «el acento de la vida cotidiana», una cotidianeidad con senti- do histórico, «llena de pasión, propósitos y color, como en los inten- cionados y vivos cuadros del gran Brueghel» (Poblete, 1958, p. 8). Se trataba de dotar a los Estudios Sociales de su capacidad para ilumi- nar críticamente el presente, formando ciudadanos capaces de com- prender la complejidad de su tiempo y actuar en su transformación. Como Poblete señaló, esta perspectiva requería una «filosofía educativa [que] precise y trate de interpretar rasgos que no son mo- mentáneos, sino grandes directivas que la realidad plantea al hombre contemporáneo» (lms, 1960, p. 10). Dicho presente estaba marcado por la memoria reciente de las crisis económicas y los horrores de la Segunda Guerra Mundial, así como por los procesos de descoloniza- ción incipientes que avanzaban en el mundo, lo que fue interpreta- do desde el desafío de que los estudiantes no solo comprendieran su entorno o su historia nacional, sino los grandes problemas de la Hu- manidad: «al Liceo como a las escuelas les corresponde crear, en esta
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