Olga Poblete. Educadora, historiadora, feminista, militante de la paz
117 II. pedagoga de la historia comprensión entre profesores y alumnos» (p. 15). En este contexto, la labor de los profesores jefes es descrita como «de extraordinaria importancia» y una «enorme responsabilidad», ya que debían «mo- verse, con sensible agilidad, en el doble plano de la realidad humana y educacional de su curso, por una parte, y la vida escolar en su con- junto, por otra» (p. 13). La implementación de los Consejos de Curso enfrentó tensio- nes que fueron abordadas con notable honestidad en el mismo do- cumento de 1954, cuya lectura permite comprender los desafíos de la experimentación coeducacional. En una sociedad donde la segre- gación por sexo en la educación secundaria era la norma, y donde además las mujeres eran jurídicamente diferentes a los varones, sin tener posibilidad de ejercer derechos políticos, la coeducación fue, en palabras de Olga Poblete, «un verdadero escándalo»: Teníamos además en contra nuestra que el vecino del lado [...] era un coronel en retiro que se espantó de que hubiera mujeres y hombres juntos, en esa edad tan peligrosa de la adolescencia; en- tonces este hombre hizo una campaña de protesta. Sin embargo, ¿usted sabe quién mejor nos apoyó? El cura párroco de Ñuñoa, de la Iglesia Mayor. A ese cura lo llamaron para que viniera a ha- cer clases de religión [...] Porque nos perseguían por todos lados, ponían gente en la plaza a ver qué ocurría. Nosotros, hostigados por el ambiente, dijimos: bueno, no los hagamos salir juntos, que los chiquillos salgan primero y un cuarto de hora después salen las niñas (Poblete citada en Dinamarca, 1996, p. 12). Desde una perspectiva escéptica, la historiadora Claudia Stern ob- servó que «el régimen coeducacional […] no significó a ciencia cier- ta una formación de igual a igual sino, más bien, una experiencia compartida donde los roles no se alteraban. Los separaban para los electivos, la mujer no podía tomar carpintería ni el hombre cocina» (Stern, 2017, p. 272). Al contrario, Viola Soto señaló que el régi- men mixto permitió que las estudiantes tuvieran derecho a escoger a sus representantes y a ser escogidas, incluso antes de que las mujeres chilenas pudieran ejercer sus derechos políticos (Soto, 2015, p. 84). Ambas posiciones permiten imaginar cómo, si bien el lms fue un
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