Desolación
116 Por eso es que te pido, Cristo, al que no clamé de hambre angustiada: ahora, para mis pulsos, y mis párpados baja. Defiéndeme del viento la carne en que rodaron sus palabras; líbrame de la luz brutal del día que ya viene, esta imagen. Recíbeme, voy plena, ¡tan plena voy como tierra inundada!
Made with FlippingBook
RkJQdWJsaXNoZXIy Mzc3MTg=