Olga Poblete. Educadora, historiadora, feminista, militante de la paz

481 IV. Internacionalista y militante de la paz Desde los años cuarenta se multiplicaban los dictadores latinoa- mericanos. Se instalaban por la fuerza en el poder, servían intereses foráneos, se enriquecían con las inversiones extranjeras, algunos se proyectaban como verdaderas dinastías, como los Duvalier en Haití o los Trujillo en Santo Domingo. Y siguen en la otra década Somo- za en Nicaragua, Batista en Cuba, Gustavo Rojas Pinilla y Laureano Gómez en Colombia, Marcos Pérez Jiménez en Venezuela y Castillo Armas en Guatemala. Varios fueron recibidos como huéspedes ilus- tres por el gobierno norteamericano. Eran sus colaboradores en la «defensa hemisférica y del mundo libre». Las pacifistas del memch mantuvieron correspondencia y em- prendieron acciones comunes con la Comisión Interamericana de Mujeres, en cuya creación en 1930 participó la profesora Aida Para- da Hernández, becada por entonces por los Estados Unidos, quien al regresar a su país se incorporó a las ilustres fundadoras del memch Elena Caffarena y Marta Vergara. Igual relación se cultivó con la Liga Internacional de Mujeres por la Paz y la Libertad, con el Comi- té del Mandato de los Pueblos contra la Guerra, la Coalición Popu- lar por la Paz en Estados Unidos, el Consejo Argentino y el Brasileño por la Paz, el Consejo Mundial por la Paz, la Federación Democráti- ca Internacional de Mujeres y la Unión de Mujeres Francesas. Todas compartían los mismos principios del memch: la defensa de los de- rechos de las mujeres y los niños, combatir el armamentismo y mili- tarismo, abogar por el uso pacífico de la energía nuclear. Sorprende releer hoy textos escritos hace más de cuarenta años por las pacifistas chilenas y sus contemporáneas del exterior. Sus ideas, argumentos, proposiciones en forma y fondo tienen plena vigencia hoy. Estaban conscientes de la interdependencia que con- vierte al mundo en una sola vasta comunidad; de la defensa de los derechos humanos y su riguroso ejercicio social, económico y cultu- ral; del valor de las ciencias y sus aplicaciones para el bien del hom- bre y no para servirse de estas para destruirlo. El conocimiento y estimación de la lucha de las chilenas por las libertades públicas y en contra de toda discriminación; su comuni- cación sostenida en el tiempo y en toda circunstancia, fueron un aporte valioso a otras entidades femeninas que, a la larga y en gran

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