Olga Poblete. Educadora, historiadora, feminista, militante de la paz
482 olga poblete medida cimentaron esa ola monumental de solidaridad que tanto ha contribuido a fortalecernos en estos largos años dictatoriales. El memch fue una buena escuela para las mujeres que en los años cincuenta iniciaron las primeras acciones callejeras contra el Pacto Militar. Aportaron a estas luchas su ya bien ganada experiencia tanto a nivel nacional como internacional. Tenían sobradas razones para apreciar en todo su valor y extensión la comprensión y el oportuno apoyo de las fuerzas afines repartidas en todos los países del orbe. Más tarde, otras iniciativas pacifistas partieron también de gru- pos de mujeres: la Mesa Redonda Panamericana que dirigió Mimí Brieva de Aldunate; y la ornu, organización para divulgar los princi- pios y actividades de Naciones Unidas. Su presidenta, Luisa Schaeffer de Del Río, logró bastante eco a estos propósitos, principalmente en las capas medias. En 1962, dentro de la ornu se formó el Consejo de Madres por la Paz. Ambas entidades contribuyeron a destacar he- chos y situaciones, tanto latinoamericanas como mundiales, aunque sus planteamientos esquivaran, por «apoliticismo», abordar el fondo real del problema de la paz. Se constituye el Movimiento Chileno de Partidarios de la Paz Llegaron a Chile las noticias de París-Pleyel. La prensa de gobierno señaló la reunión pacifista como una maniobra del comunismo in- ternacional contra el mundo libre. Pero las cartas, la prensa europea y americana, más los relatos de chilenos que allí estuvieron, nos tras- ladaron al clima bullente de aquel encuentro compartido con gentes venidas de países tan remotos, cuyos nombres apenas estaban registra- dos en el conocimiento escuálido que se tenía sobre la vida mundial. Hubo interés y audiencias crecientes para saber, preguntar, cuestio- nar aprender y comprender la relación que existía entre los asuntos planteados y analizados en ese congreso y lo que acontecía en Chile. Vivíamos una «guerra interna», dirigida con ciega pasión por el gobierno y el frenético apoyo de los sectores sociales y económi- cos altos. La guerra interna suspendió libertades esenciales; La Ley de Defensa de la Democracia permitía la detención, encarcelación
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