Olga Poblete. Educadora, historiadora, feminista, militante de la paz

463 IV. Internacionalista y militante de la paz Eliminar el hambre y el subdesarrollo Las iniciativas adoptadas en nuestros países para actualizar la Cam- paña Mundial contra el Hambre, golpearon sobre la opinión públi- ca con cifras pavorosas: dos tercios de la población mundial –dos mil millones de personas– tienen hambre o padecen las enferme- dades derivadas del estado permanente de desnutrición. Increíble comprobación en esta edad de máquinas electrónicas, de industrias automáticas, de viajes al espacio y de toda suerte de fantásticas trans- formaciones de la materia. Al hambre le acompañan todos los défi- cits tan conocidos de salud, vivienda, educación, etc. Si sólo se disminuyeran los gastos mundiales de armamentismo en un 5%, esos veinte mil millones de dólares anuales permitirían rescatar de su atraso, antes de 25 años, al mundo subdesarrollado. Mil trescientos millones de personas en corto tiempo se han in- corporado a la vida independiente, pero en condiciones económicas, sociales y culturales tan precarias que, a su ritmo actual de desarro- llo, necesitarían no menos de 80 años para alcanzar el nivel de vida que actualmente disfrutan los países altamente industrializados. «El principal error de los norteamericanos es que se olvidan que también nosotros vivimos en el siglo xx», ha dicho Tom Mboya, uno de los líderes del movimiento de liberación nacional de Kenia. Acabo de estar en dos países africanos: uno de ellos, Tanganyi- ka, se incorporó recién en diciembre de 1962 a la condición de in- dependiente. El otro, Sudán, le aventaja por pocos años. En ambos el colonialismo ha dejado sus frutos podridos: algunas ciudades con amplias barriadas europeas, parques, jardines, plazas, hoteles de lujo y luego, la gran masa de la población arrinconada en los distritos sin pavimentos ni aceras, sin agua potable ni servicios sanitarios, deli- mitando su presencia a la distancia por su insoportable hedor. En Khartum, todavía los sudaneses sacan aguas del Nilo moviendo las mismas ruedas manuales que ilustran las paredes de las tumbas fa- raónicas. De este pozo infecto de abandono y miseria quieren sacar a sus pueblos los nuevos gobiernos africanos. Pero quieren sacarlos luego, a corto plazo y se empeñan para ello en obtener el acceso a todas las modernas técnicas de desarrollo.

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