Olga Poblete. Educadora, historiadora, feminista, militante de la paz

464 olga poblete Por otra parte, los africanos no pueden olvidar la existencia en el continente de 21 bases militares aéreas y 12 bases navales. Tampoco pueden olvidar que la cruenta guerra de Argelia, primero, y luego las guerras en el Congo, tienen tras de sí el aliento de la cuantiosa ayuda militar de los ee.uu. y de las ex metrópolis. ¿Y cómo, si no en virtud del armamentismo y militarismo dominantes, podría explicarse que un país de tan escasos recursos como Portugal, pueda desplegar en Angola el más moderno aparato militar para ahogar la lucha eman- cipadora de su pueblo? A la luz de estos hechos cobran mayor actualidad las palabras del gran dirigente de África Negra, el Presidente de la República de Ghana, Dr. Kwame Nkrumah, quien ha dicho que los africanos sue- ñan con alcanzar el progreso de Occidente, tienen conciencia de to- dos los obstáculos, pero tal idea les inspira. «Sin embargo, dice, ¿qué vemos en otros países? Vemos a los Estados ricos que malgastan sus inmensos recursos en amontonar armamentos. Vemos a pueblos po- derosos entregados a la vana y ruinosa carrera armamentista. Vemos que preciosos capitales que podrían contribuir al desarrollo del Áfri- ca, se dilapidan para fabricar medios de exterminio. ¿Qué tiene todo esto de común con la caridad cristiana tan pregonada en Occidente?» Las tareas de verdaderahabilitaciónpara la vidamodernade los vas- tos continentes de América Latina, África y Asia plantean tareas de tal manera gigantescas, por la dimensiónde ellas, la cuantía de la inversión y el aparato tecnológico que requerirían que, de no mediar la asisten- cia en magna escala, pueden quedar los pueblos de estos continentes condenados a una verdadera vida de esclavos por varias generaciones. Nuestra América Latina clama por planes continentales de elec- trificación. Sus elevadas montañas y gigantescos ríos la proveen de las fuerzas naturales capaces de producir, con el concurso de la obra huma- na, decenas de millones de kw. para el desarrollo de sus nuevas grandes industrias. No hay razón alguna para que en el estado actual del desa- rrollo técnico perduren los efectos de la condición de mediterraneidad que afectan a países hermanos. Si el problema de las comunicaciones pudiera ser abordado con audacia, recursos y espíritu continental, no habría tierra en el corazón del continente que no pudiera comuni- carse con el mar mediante una red de canales, aprovechando sus sis-

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