Olga Poblete. Educadora, historiadora, feminista, militante de la paz
452 olga poblete El más profundo respeto a sus características peculiares, preside la aplicación de los múltiples programas de desarrollo y asistencia que hoy se conducen en las minorías nacionales. «Debemos conti- nuar educando al pueblo Han, dice el Premier Chou En-lai, a res- petar genuinamente, por todos los medios, el derecho de igualdad nacional de las minorías nacionales, sus opiniones, y eliminar la in- fluencia de varias formas de chauvinismo Han». Tal es el contenido, tanto en el principio como en su aplicación práctica de la política de coexistencia pacífica, que los pueblos que- rrían ver extendida y aplicada en el mundo de hoy. Ninguna forma de superioridad puede legitimar la explotación de un pueblo por otro, su deformación cultural y su degradación a la calidad de ins- trumento para la acción, sin control sobre las decisiones mismas que dirigen dicha acción. Un abismo de desarrollo técnico y cul- tural separa al noreste chino, por ejemplo, del desarrollo pastoril y seminomádico de muchas de estas minorías nacionales. El primero es el corazón industrial de China. Aquella es la tierra donde están echadas las bases para la gran industria pesada, a la vez que la más moderna agricultura crece y prospera en sus áreas rurales. Shenyang (Mukden) resume las características de esta rica zona minera y fa- bril. Pero nada de esto podría llevar a los chinos del noreste a subes- timar a sus conciudadanos Mongoles, Yis, Lohos, Tais, o Shantous. En la República Popular China merecería la sanción más severa el ciudadano o el grupo que asumiera alguna vez actitud semejante a la que practican las autoridades británicas con los africanos o la de los representantes del gobierno francés hacia las poblaciones de Tú- nez y Algeria. A esto se refería el Pastor James Endicott, cuando en el Congreso de los Pueblos por la Paz, en Viena, decía: «Es imposi- ble para mí descubrir el argumento que pueda permitirnos, como cristianos, considerar en la colonia de Kenya, que un Mau-Mau armado con un cuchillo sea un terrorista y en cambio no lo sea un inglés con tanque y ametralladora». Occidente tiene que cubrir un gran camino para rehacer su crite- rio y su conducta en lo que a relaciones con pueblos y culturas dife- rentes, se refiere. Sin embargo el principio de la coexistencia pacífica está en la base misma de las necesidades sociales y nada resultaría
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