Olga Poblete. Educadora, historiadora, feminista, militante de la paz

442 olga poblete a su solución significaba entrar en un terreno erizado de obstáculos, ya que la condición de la mujer china dentro del sistema familiar y la sociedad, tenía raíces tan profundas. La labor realizada hasta el momento ha sido conducida simultáneamente en varios aspectos. El artículo 6 del Programa Común declara que la «República Po- pular China» abolirá el sistema feudal que mantiene a la mujer en servidumbre. Las mujeres gozarán de iguales derechos que los hom- bres en la vida política, económica, cultural, educacional y social. Se pondrá en efecto la libertad de matrimonio para hombres y mujeres. El 1° de Mayo de 1950, fue promulgada por el Gobierno Po- pular Central la nueva Ley de Matrimonio que suprimió el antiguo sistema feudal, reconoció derechos iguales a ambos sexos y precisó la protección a los intereses legales de las mujeres y de los niños. Sin embargo, las disposiciones legislativas, no hicieron sino expresar ju- rídicamente los cambios substanciales que ya estaban operándose en la vida social y que significaban una incorporación de tal modo va- liosa de la mujer a todos los planos de la convivencia colectiva, que no podía ser ignorada. La misma Ley del Matrimonio resultó de una paciente investigación conducida a lo largo de 17 meses. En este tra- bajo cupo participación fundamental a las organizaciones femeninas asistidas por organismos competentes. En las ciudades y áreas rurales se hicieron prolijos estudios, se recogieron estadísticas y se registra- ron toda suerte de experiencias, en particular en las áreas más anti- guamente liberadas. La guerra Patriótica y la guerra de Liberación incorporaron di- rectamente a las mujeres a la lucha; nació en ellas el espíritu de or- ganización, una nueva actitud de responsabilidad cívica las llevó a asumir por igual, al lado de los hombres un puesto en las guerrillas o en los equipos de asistencia organizados en las aldeas para apoyar las acciones del Ejército Popular. Enseguida, el movimiento feme- nino organizado comenzó seriamente a considerar su papel frente a los acontecimientos y se hizo cada vez más clara la convicción de que la plena incorporación de la mujer a las tareas de la producción echaría los cimientos más seguros de su emancipación política y social. En la medida en que fue creciendo en las masas de mujeres la conciencia de su valiosa participación en las grandes empresas

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